El Típico Andaluz abrió sus puertas en 1962, en este mismo edificio que, según cuentan los más mayores del barrio, fue antes una posada del siglo XVIII, cuando esto todavía eran las afueras de Estepona. Desde el primer día fue un bar pensado para la gente joven del pueblo, y pronto se convirtió en punto de encuentro. Todavía hoy hay clientes que se conocieron aquí siendo unos chavales y que hoy rondan los setenta y cinco años.
Con el tiempo, el negocio pasó a manos de la familia del propietario del inmueble, y años después llegó Javier, que estuvo detrás de la barra durante 38 años cortando jamón, sirviendo platos sencillos de siempre y tratando a cada cliente como si fuera de casa. Bajo su mano, El Típico Andaluz se convirtió en una referencia de Estepona, con colas en la puerta y clientes que volvían generación tras generación.
Javier se jubiló en octubre de 2024, y en diciembre de 2025 el local volvió a abrir tras una reforma que respetó lo esencial, la fachada, los muros gruesos, los arcos, los carteles antiguos y la colección de cuchillos gastados de tanto cortar jamón. Se perdió, eso sí, una vieja chimenea que había en la entrada, pero se mantuvo casi todo lo demás, incluidos los recuerdos taurinos, flamencos y religiosos que decoran cada rincón.
Hoy seguimos siendo el primer bar de la Calle Caridad, y uno de los pocos locales del casco antiguo de Estepona que conserva intacta su historia.
Sin artificio que enmascare su nobleza. Recorremos las ocho provincias al compás exacto de las mareas, las montaneras y el rocío matinal.
Nuestra sala conserva los azulejos originales, las sillas de madera con asiento en granate y las paredes llenas de carteles taurinos y flamencos de otra época. Nada se ha comprado para parecer antiguo, todo lleva aquí más de sesenta años.
Fuera, en la terraza de la Calle Caridad, las macetas de flores y las mesas junto a la fachada hacen que comer aquí sea también disfrutar del casco antiguo de Estepona. Dentro hay sitio para unas 30 personas y en la terraza para 50 más, así que siempre cabe alguien más en la mesa.
Por la tarde, cuando el sol empieza a caer sobre la Calle Caridad, la terraza se llena de conversación y el olor a jamón recién cortado se mezcla con el del pan tostado que sale de la cocina.